La adolescencia es una de las etapas más difíciles de transitar en la vida de un ser humano. El tránsito por la misma resulta muy complejo tanto para el adolescente, como para sus propios padres. Se trata de una etapa de mucho estrés para ambos, la cual cada uno la vive como puede, algunos con mayor intensidad que otros, pero la realidad es que es una crisis inevitable, y necesaria en el desarrollo de todo ser humano.
Se sufren muchos cambios, no sólo a nivel biológico, sino también psicológicos, emocionales, intelectuales y sociales.
En este período el adolescente debe ir renunciando a su identidad infantil, y comenzando a aceptar su nueva identidad que se le impone. Es una etapa de transición entre el niño que se deja y el adulto que aún no se ha terminado de conformar. Se vive con mucha angustia, ya que se sienten muy perdidos en esta búsqueda de esta nueva identidad.
La adolescencia se solía dividir en tres grandes etapas: Temprana: desde los 10 a los 13 años; Media: desde los 14 a los 17 años y una etapa Tardía a partir de los 18 años. Esta subdivisión se ha utilizado durante mucho tiempo para facilitar la comprensión de la adolescencia, pero la realidad es que los tiempos de la adolescencia son totalmente subjetivos para cada persona, y cada caso es particular. Nadie puede determinar cuándo la adolescencia finaliza. En la actualidad la adolescencia se ha extendido demasiado, perdiéndose los límites claros entre la adolescencia y la adultez.
Se trata de un fenómeno biológico, cultural y social, por lo que depende de múltiples factores. Cada cultura difiere en la consideración de la misma, y en la edad en que se establece la adultez, a diferencia de la pubertad, que tiene un inicio muy marcado, alrededor de los 12 o 13 años debido a los cambios corporales y hormonales que surgen inevitablemente.
A través de esta etapa, el adolescente explora nuevos modos de interactuar con sus padres y de relacionarse con la socidedad, caracterizados por una etapa de gran rebeldía, una oposición frente a todo y a todos. Por eso es necesario que los padres puedan estar informado al respecto de todos estos cambios que son totalmente necesarios y normales, para poder acompañar a sus hijos, y facilitarles el tránsito por la misma.
Es muy frecuente observar cómo el adolescente lucha por romper con los valores impuestos por sus padres, y por la sociedad misma, y comienzan a defender sus propios ideales. Los padres no deben asustarse y ponerse en contra de ellos, ya que esto es totalmente normal y sano en esta etapa.
Es fundamental que los padres tengan con su hijo adolescente un diálogo fluído, una comunicación abierta y que puedan acompañarlos y demostrarle plena confianza, para que ellos puedan confiar y comunicarles todo lo que les acontece a sus padres.
Lo patológico sería que los adolescentes no presentan ninguna de estas características, ya que esta crisis es inevitable y necesaria para el desarrollo y la madurez de todo adolescente, ya que es una etapa de crecimiento y de muchos cambios.
La angustia, la depresión, la irritabilidad, los caprichos, enojos, la ruptura de las normas y valores, pueden resultar patológicos cuando son excesivos, cuando el adolescente está sufriendo mucho y esto altera toda su vida.
Lic. Tamara Chaffittelli
www.hadasguardianas.com
miércoles, 11 de noviembre de 2009
La importancia de los límites en la escuela:
Una de las temáticas más conflictivas ha abordar en todos los colegios hoy en día, es la puesta de límites en los alumnos. Poner límites no le resulta nada fácil a los docentes, pero es totalmente necesario que puedan hacerlo, ya que los límites constituyen un marco de referencia, de seguridad y contención, y ayudan a los niños a organizar su vida interior y exterior, a saber qué está bien y qué está mal, qué es peligroso y qué no, qué está permitido y qué prohibido. Al poner límites enseñamos a los chicos a controlar sus impulsos, a pensar y a buscar opciones alternativas para enfrentarse a la vida, ya que permiten ayudarlos a controlar aquellos aspectos de su conducta que no pueden dominar por sí mismos.
Ejercer un control sobre los actos de los niños con ayuda de los docentes, les permitirá incorporar normas y valores.
Los límites se construyen, los niños comienzan a internalizarlos a medida que los viven. Cuando el niño vivencia por qué sí y por qué no, desde el momento que llega a la vida de una familia y luego a una escuela, comienza un proceso de aprendizaje de los límites que se desarrolla en el marco de las relaciones interpersonales.
Muchas veces se confunden el autoritarismo de los docentes como forma de mostrar su lugar y hacerse respetar, con la puesta de límites, como forma de enseñar al niño a internalizar pautas generales de convivencia, y modos de enfrentarse a la vida y de establecer relaciones interpersonales adecuadas.
La tarea de poner límites, cuando es necesario, resulta una tarea muy compleja para muchos docentes, ya que muchas veces viven esto con culpas, o les cuesta aplicar ciertas restricciones en los niños, dejando esto únicamente para el trabajo de los padres, cuando en verdad es un tema que les compete a ambos.
En la escuela, los niños comienzan a interactuar con pares, y muchas veces se manifiestan de manera inadecuada en estas relaciones con otros niños, o cuando
cuando quieren algo y no pueden conseguirlo. Se observa a menudo situaciones de peleas entre niños, se empujan, se muerden, se rasguñan sin que los docentes puedan evitarlo, aún estando atentos y muy cerca de ellos. Existen muchas situaciones inevitables para los maestros, pero sin embargo, es necesario, poder aplicar límites, guiando, y ayudando al niño a que él mismo construya sus propios límites.
Es necesaria la puesta de límites cuando son niños, para evitar infracciones en el futuro. Por eso, es un requisito inevitable que en la escuela se impongan límites y castigos, y no sólo en la casa, ya que la escuela es uno de los primeros agentes de socialización del niño, junto con la familia. Se debe trabajar en conjunto, familia-escuela, a la hora de abordar estas cuestiones. Es necesario que los padres puedan apoyar los límites, incentivos y castigos que la escuela le proporciona al niño, tomando una actitud similar para la conducta de su hijo. Es fundamental para esto, un ida y vuelta entre padres y maestros, que puedan estar en permanente contacto, a través de notas, llamados, haciendo referencia a sus límites, reglas, recompensas, castigos etcétera, para que los padres estén al tanto de esto, y puedan incluso ayudar a los docentes en esta difícil tarea que les corresponde a ambos.
Suele ser inevitable que surjan conflictos entre hijos y maestros, quienes manifestarán diversas reacciones, como juzgar, advertir, resolver, defender, restringir, o negar. Pero de todos modos, es obligación del docente llevar a cabo esta compleja tarea, adaptándola a su estilo personal, pero sin dejar de lado la importancia de marcar límites y ayudar y apoyar al niño en la internalización de los mismos.
Lic. Tamara Chaffittelli.
Ejercer un control sobre los actos de los niños con ayuda de los docentes, les permitirá incorporar normas y valores.
Los límites se construyen, los niños comienzan a internalizarlos a medida que los viven. Cuando el niño vivencia por qué sí y por qué no, desde el momento que llega a la vida de una familia y luego a una escuela, comienza un proceso de aprendizaje de los límites que se desarrolla en el marco de las relaciones interpersonales.
Muchas veces se confunden el autoritarismo de los docentes como forma de mostrar su lugar y hacerse respetar, con la puesta de límites, como forma de enseñar al niño a internalizar pautas generales de convivencia, y modos de enfrentarse a la vida y de establecer relaciones interpersonales adecuadas.
La tarea de poner límites, cuando es necesario, resulta una tarea muy compleja para muchos docentes, ya que muchas veces viven esto con culpas, o les cuesta aplicar ciertas restricciones en los niños, dejando esto únicamente para el trabajo de los padres, cuando en verdad es un tema que les compete a ambos.
En la escuela, los niños comienzan a interactuar con pares, y muchas veces se manifiestan de manera inadecuada en estas relaciones con otros niños, o cuando
cuando quieren algo y no pueden conseguirlo. Se observa a menudo situaciones de peleas entre niños, se empujan, se muerden, se rasguñan sin que los docentes puedan evitarlo, aún estando atentos y muy cerca de ellos. Existen muchas situaciones inevitables para los maestros, pero sin embargo, es necesario, poder aplicar límites, guiando, y ayudando al niño a que él mismo construya sus propios límites.
Es necesaria la puesta de límites cuando son niños, para evitar infracciones en el futuro. Por eso, es un requisito inevitable que en la escuela se impongan límites y castigos, y no sólo en la casa, ya que la escuela es uno de los primeros agentes de socialización del niño, junto con la familia. Se debe trabajar en conjunto, familia-escuela, a la hora de abordar estas cuestiones. Es necesario que los padres puedan apoyar los límites, incentivos y castigos que la escuela le proporciona al niño, tomando una actitud similar para la conducta de su hijo. Es fundamental para esto, un ida y vuelta entre padres y maestros, que puedan estar en permanente contacto, a través de notas, llamados, haciendo referencia a sus límites, reglas, recompensas, castigos etcétera, para que los padres estén al tanto de esto, y puedan incluso ayudar a los docentes en esta difícil tarea que les corresponde a ambos.
Suele ser inevitable que surjan conflictos entre hijos y maestros, quienes manifestarán diversas reacciones, como juzgar, advertir, resolver, defender, restringir, o negar. Pero de todos modos, es obligación del docente llevar a cabo esta compleja tarea, adaptándola a su estilo personal, pero sin dejar de lado la importancia de marcar límites y ayudar y apoyar al niño en la internalización de los mismos.
Lic. Tamara Chaffittelli
Lic. Tamara Chaffittelli.
El desarrollo normal de un niño
Cuando hablamos de normalidad en el desarrollo de un niño, nos referimos a lo que la mayoría de los niños logran dentro de un tiempo esperado, haciendo referencia a la generalidad de los casos. Pero es necesario tener en cuenta que cada niño es único y tiene sus tiempos. Generalmente la adquisición normal de cada una de las funciones, como el habla, la marcha, el control de esfínteres, etc., están relacionadas directamente con el desarrollo integral del niño, y se adquieren una vez que el niño se encuentra maduro para ello. A cada niño le llevan su tiempo, y se van adquiriendo de a poco, y forman parte de todo un proceso. Suelen tomarse como parámetro ciertos tiempos normativos. Los niños suelen intentar iniciar sus primeros pasos alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 1/2 y 3 años. Pero todo esto, dependerá de cada niño. No es necesario apurar a los niños, o presionarlos, ya que cada uno adquiere estas funciones en su debido momento, de acuerdo a sus propios tiempos, y esto no tiene relación con el desempeño de su vida a futuro. Muchas veces los padres se encuentran más apresurados que los hijos por ver alcanzar sus logros, pero hay que darles el tiempo que ellos necesiten. Es fundamental tener en cuenta que la edad específica de iniciación y adquisición de todas las funciones varía también de acuerdo a ciertos factores como la maduración de ese niño, sus condiciones psicológicas, su nivel socio cultural y de la gente que lo rodea, su educación, y la estimulación que recibe, entre otras.
Algunos niños comienzan a hablar muy temprano, a caminar muy pronto y controlan esfínteres a temprana edad repentinamente, mientras que otros demoran un poco más, y hasta algunos demoran excesivamente, diferenciándose notoriamente del resto de los niños de su misma edad, generando grandes preocupaciones en sus padres.
Es necesario ser pacientes, y poder soportar que son los niños quienes deciden cuándo es el momento, y no los adultos, quienes muchas veces intentan acelerar los tiempos de este niño, perjudicando y complicando este proceso en lugar de favorecerlo.
Lic. Tamara Chaffittelli
http://www.hadasguardianas.com/
Algunos niños comienzan a hablar muy temprano, a caminar muy pronto y controlan esfínteres a temprana edad repentinamente, mientras que otros demoran un poco más, y hasta algunos demoran excesivamente, diferenciándose notoriamente del resto de los niños de su misma edad, generando grandes preocupaciones en sus padres.
Es necesario ser pacientes, y poder soportar que son los niños quienes deciden cuándo es el momento, y no los adultos, quienes muchas veces intentan acelerar los tiempos de este niño, perjudicando y complicando este proceso en lugar de favorecerlo.
Lic. Tamara Chaffittelli
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miércoles, 14 de octubre de 2009
La importancia de la puesta de límites a la hora de educar hijos
La puesta de límites a la hora de hablar de la crianza de los hijos no es un tema menor, ya que los límites son los primeros organizadores en la vida de un niño. Constituyen un marco de referencia, de seguridad y contención, y ayudan a los chicos a organizar su vida interior y exterior, a saber qué está bien y qué está mal, qué es peligroso y qué no, qué está permitido y qué prohibido. Al poner un límite enseñamos a los chicos a controlar sus impulsos, a pensar y a buscar opciones alternativas para enfrentarse a la vida.Dar y poner limites, es enseñarle a los hijo a aprender a esperar y a saber que no todo es aquí y ahora, que hay cosas que puede y hay otras que no puede hacer o tener. Los límites son necesarios, ayudan a crecer, ya que permiten que el niño pueda moldear su carácter, lo cual es totalmente necesario, así como también permiten ayudarlos a diferenciar entre lo que está bien y lo que no, porque se le enseña a ser responsable de sus actos.
Todos aprendimos a aceptar los límites como parte de nuestra cotidianeidad. Desde pequeños comenzamos a integrarlos como parte de nuestra forma de ser en el mundo.
Los niños necesitan disciplina y el límite es sinónimo de amor y contención. A través de estos aprenderán, poco a poco a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con seguridad, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir. Establecer límites a los hijos es una manera de demostrarles nuestro amor y preocupación. Con ellos les indicamos que los estamos cuidando.
Es tan perjudicial la falta de límites como el exceso de los mismos.La falta de límites produce niños “tiranos”, que hacen todo el tiempo lo que desean, no pueden esperar y no toleran la frustración. Son chicos que pueden sentirse no mirados o no queridos. El exceso de límites genera hijos con miedo, inhibiciones y bronca. El exceso de “no” y los “no” arbitrarios pueden llevar a los chicos a revelarse contra ellos.
Se trata de encontrar un equilibrio entre ambas. Es absolutamente normal que nuestros hijos demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Pero esto es imposible de ser satisfecho, y tampoco es sano para él.
Los padres deben marcar pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede hacer, y marcando los no bien claros cuando es necesario.
Colocar los límites necesarios en el momento adecuado, previene consecuencias en el desarrollo futuro de ese niño. Por eso es necesario, poder aplicarlos a tiempo y en su justa medida.
Lic. Tamara Chaffittelli.
www.hadasguardianas.com
Todos aprendimos a aceptar los límites como parte de nuestra cotidianeidad. Desde pequeños comenzamos a integrarlos como parte de nuestra forma de ser en el mundo.
Los niños necesitan disciplina y el límite es sinónimo de amor y contención. A través de estos aprenderán, poco a poco a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con seguridad, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir. Establecer límites a los hijos es una manera de demostrarles nuestro amor y preocupación. Con ellos les indicamos que los estamos cuidando.
Es tan perjudicial la falta de límites como el exceso de los mismos.La falta de límites produce niños “tiranos”, que hacen todo el tiempo lo que desean, no pueden esperar y no toleran la frustración. Son chicos que pueden sentirse no mirados o no queridos. El exceso de límites genera hijos con miedo, inhibiciones y bronca. El exceso de “no” y los “no” arbitrarios pueden llevar a los chicos a revelarse contra ellos.
Se trata de encontrar un equilibrio entre ambas. Es absolutamente normal que nuestros hijos demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Pero esto es imposible de ser satisfecho, y tampoco es sano para él.
Los padres deben marcar pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede hacer, y marcando los no bien claros cuando es necesario.
Colocar los límites necesarios en el momento adecuado, previene consecuencias en el desarrollo futuro de ese niño. Por eso es necesario, poder aplicarlos a tiempo y en su justa medida.
Lic. Tamara Chaffittelli.
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