La puesta de límites a la hora de hablar de la crianza de los hijos no es un tema menor, ya que los límites son los primeros organizadores en la vida de un niño. Constituyen un marco de referencia, de seguridad y contención, y ayudan a los chicos a organizar su vida interior y exterior, a saber qué está bien y qué está mal, qué es peligroso y qué no, qué está permitido y qué prohibido. Al poner un límite enseñamos a los chicos a controlar sus impulsos, a pensar y a buscar opciones alternativas para enfrentarse a la vida.Dar y poner limites, es enseñarle a los hijo a aprender a esperar y a saber que no todo es aquí y ahora, que hay cosas que puede y hay otras que no puede hacer o tener. Los límites son necesarios, ayudan a crecer, ya que permiten que el niño pueda moldear su carácter, lo cual es totalmente necesario, así como también permiten ayudarlos a diferenciar entre lo que está bien y lo que no, porque se le enseña a ser responsable de sus actos.
Todos aprendimos a aceptar los límites como parte de nuestra cotidianeidad. Desde pequeños comenzamos a integrarlos como parte de nuestra forma de ser en el mundo.
Los niños necesitan disciplina y el límite es sinónimo de amor y contención. A través de estos aprenderán, poco a poco a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con seguridad, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir. Establecer límites a los hijos es una manera de demostrarles nuestro amor y preocupación. Con ellos les indicamos que los estamos cuidando.
Es tan perjudicial la falta de límites como el exceso de los mismos.La falta de límites produce niños “tiranos”, que hacen todo el tiempo lo que desean, no pueden esperar y no toleran la frustración. Son chicos que pueden sentirse no mirados o no queridos. El exceso de límites genera hijos con miedo, inhibiciones y bronca. El exceso de “no” y los “no” arbitrarios pueden llevar a los chicos a revelarse contra ellos.
Se trata de encontrar un equilibrio entre ambas. Es absolutamente normal que nuestros hijos demanden, pidan y tengan deseo de todo y en todo momento. Pero esto es imposible de ser satisfecho, y tampoco es sano para él.
Los padres deben marcar pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede hacer, y marcando los no bien claros cuando es necesario.
Colocar los límites necesarios en el momento adecuado, previene consecuencias en el desarrollo futuro de ese niño. Por eso es necesario, poder aplicarlos a tiempo y en su justa medida.
Lic. Tamara Chaffittelli.
www.hadasguardianas.com
miércoles, 14 de octubre de 2009
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